A lo largo de nuestros días sentimos todo tipos de emociones, pero muchas veces no nos detenemos a ver de que se tratan, que mensajes nos traen de nuestro interior. Podemos escucharlas pero no validarlas, negarlas, dejarlas salir sin filtro, o simplemente ignorarlas, pero las emociones siguen ahí, en algún lugar de nuestro cuerpo. Sentir es natural, parte nuestra.

La mayoría está preocupado por la educación intelectual y pocos prestan atención a la importancia del mundo emocional que nos permite auto conocernos para después estar en el mundo de manera más calma, integra y equilibrada, con uno mismo y en las relaciones interpersonales.

¿Cuánto nos dedicamos como padres a la educación o desarrollo emocional de nuestros hijos?

Frente a cualquier suceso un niño tiene una reacción emocional, reconocerla y hablar de ella permite que puedan aprender y entender sobre aquello que están sintiendo.

“Veo que te asustaste cuando ladró el perro de la vecina. Me pasó lo mismo cuando lo escuché sus  porque estábamos caminando tranquilos y nos sorprendimos. Es normal que te sientas así”

Hablar de los sentimientos es la forma más directa de comprenderlos y los ayuda a volver a regularlos. Para esto los niños necesitan otra persona que los ayude (no una pantalla que los “ayude a bajar”) sino la presencia y el acompañamiento. Los adultos somos “estabilizadores emocionales” y esa es nuestra función.

Que los chicos comprendan y puedan comunicar sus emociones lo ayudará a desarrollarse más plenamente. Y también podrán aprender a entender como se sienten los demás.

¿Como te vinculás con tu mundo emocional y el de tus hijos?