El mundo emocional no está dado y cerrado, es un universo que podemos explorar junto a nuestros hijos y en ese viaje vamos a poder entenderlos, recordar el niño que fuimos y como nos sentíamos frente a la mirada de los adultos.

Cuando nos resulta un poco difícil abrirnos a nuestras emociones, o a la de nuestros hijos, podemos trabajar sobre eso para crecer. Sentirnos mejor va a ser sin dudas uno de los resultados.

¿Qué podemos hacer junto a nuestros hijos?

Primero entrar en sintonía con lo que sienten, al igual que una radio. A partir de esto ver como esa emoción repercute en nosotros, porque si nos pegamos a su estado emocional nos vamos a desregular ambos. En el caso de sentirnos afectados buscamos la calma dentro para ofrecérsela, somos nosotros los que nos re direccionamos primero. Después validamos y legitimamos  lo que nuestros hijos sienten y los re dirigimos para que encuentren una explicación, una solución o estrategia a futuro.

Nosotros no les preguntamos a los niños… pero qué te pasa? ¿Qué tenés? Somos los adultos los que les ayudamos a entender y comprender que les pasa, y eso comienza nombrándolo una y otra vez.

Y qué mas?

Podemos leer juntos historias y preguntarles sobre lo que están sintiendo los personajes. ¿Qué te parece le pasa a Juan? ¿Cómo se siente la princesa?

También leer cuentos que describen las diferentes emociones (La calma de León, el Monstruo de los Colores, Paula y su cabello multicolor entre tantos otros)

 Jugar a dígalo con mimica y que los chicos adivinen “cómo se siente” la persona

Contar un mismo suceso con diferentes tonos emocionales y descubrir cual sería el sentimiento adecuado. Por ej: “me quedé dormido y no fui a la excursión que estaba esperando con mis amigos” o “Voy a empezar una escuela nueva”

Recortar imágenes de diferentes personas e imaginar cómo se sienten.

Hacer fichas con diferentes dibujos de estados emocionales (triste, contento, asombrado, enojado, asustado) y escribir como son esos sentimientos. Y cuando lo necesitamos recurrir a ellas.

Proponer pasar por diferentes sentimientos y emociones y sacarles fotos a los niños representándolas, haciendo el gesto y la postura.  Y si cuesta, traer una situación “como te sentís cuando tu hermanita te raya tu dibujo?

Pero a veces….

El mero hecho de hablar sobre un estado emocional no basta (por ej cuando van al dentista a arreglarse una muela que les duele, por más que le hablemos y entiendan, igualmente es posible que sientan miedo al torno..)

El hecho de que los chicos hablen de aquello que los enoja, por ej, cuando se burlan de ellos no resulta suficiente, deben realmente practicar como reaccionar frente a eso, o como controlar su impulso a “pegar” , como si fuera una práctica.

Por ejemplo viéndose bañados por un aceite donde las palabras de los otros “les resbalan” o respirando profundo cuando sienten el impulso de pegar, o practicar “relajar su cuerpo” ayudados por la respiración

Podemos enseñarle a nuestros hijos a reconocer que pasa en su cuerpo, que signos aparecen en sus diferentes reacciones emocionales a fin de que aprendan sobre si mismos.

Podemos filmarlos en esa práctica para que se vean una y otra vez consiguiéndolo. Así reciben una imagen positiva de si mismos. Que harías si un grupo de chicos se rie de vos? Mostrame como avanzas hacia ellos, ¿Cómo te parás? ¿Qué les dirías? Y mientras jugamos vamos construyendo una positiva autoestima que les será útil para el resto de su vida.

¿Te animas a practicar alguna de estas propuestas junto a tus hijos?