En la nota anterior hablábamos de cómo la pandemia nos pone cara de frente a nuestros hijos adolescentes dándonos la oportunidad de volver a mirarlos. Y esto es un desafío que a cada familia se le juega de diferente manera considerando la adolescencia como una etapa que precede a anteriores en las cuales se fueron estableciendo formas, modos, reglas, perspectivas acerca de la vida.

Para los adolescentes, tener a los padres todo el tiempo encima le hace “corto circuito” y les produce ansiedad. Ellos necesitan de sus pares para soñar en voz alta.  Los amigos pasan a ser su mundo y su familia. A la familia la quieren alejar, a los amigos acercar. Los adultos se oponen a las fantasias adolescentes.

 Si sus hijos les dicen “me quiero ir de viaje a Japón” ustedes seguramente los cuestionaran en más de un aspecto. Si en cambio hacen el mismo comentario con un par le responderá “a.. que bien… y yo a dar una vuelta por el mundo”

El paso del tiempo va a hacer que se sientan más aislados.  Hay que respetar sus espacios, si nosotros nos sentimos asfixiados, ellos se sienten invadidos. Necesitan un espacio y un sentido de pertenencia.

Ellos no pueden pensar como nosotros, su cerebro está en remodelación. Uno ve los cambios físicos pero no los cambios a nivel cerebral, que son los esenciales, que son los mentales. Porque esta etapa es el laboratorio para ser adultos. Quieren separarse de vos para ir hacia la autonomía y la independencia.

Ellos se están preguntando sobre el mundo, sobre los vínculos, sobre las dinámicas del afuera, son momentos para conversar sobre esto: ¿para qué creen que están pasando esto? ¿Sabemos lo que opinan sobre la sociedad en la que viven? Sobre las medidas que se están tomando ahora?

Hablar y permitir las emociones descomprime y hace que el momento sea más llevadero.

¿Cómo están tus hijos adolescentes? ¿Están pudiendo abrir canales de comunicación?