Las mujeres solemos ser más “guardadoras” que los hombres en cuanto a #maternidad se refiere. Si bien no podemos generalizar, porque no hay dos mujeres iguales, a la hora de atesorar los recuerdos de nuestros #hijos somos capaces de quedarnos con un sinfín de objetos que parecieran en sí mismos retener momentos que para nosotras, #madres, son importantes. Por ejemplo, las primeras ropitas, baberos, escarpines, pelitos, dientes, cuadernos, dibujitos, etc.. 

El otro día, y mudanza de mis padres de por medio, descubrí todo tipo de cosas que habían reservado desde mi más tierna #infancia, pero que hoy en día ya no tienen el mismo sentido valor que en su momento. A partir de eso, se me abrió la siguiente pregunta: ¿Verme con eso en mis manos era encontrarme con la que fui?

¿Dónde quedó guardada la historia de mi infancia? ¿En esos objetos dispersos en la cama que marcaban aquella lejana etapa y una época? ¿En las fotos? ¿En la percepción de algunos momentos que quedaron fuertemente guardados? ¿En los olores? ¿Las sensaciones? ¿Escenas?

¿Hacia dónde voy cuando necesito recordarme?

Y me pregunto, ¿dónde me encuentro cuando quiero rememorar la niña que fui?

Y les pregunto, ¿cuál es el camino que los lleva a ustedes a otra etapa de sus vidas?

¿Qué #recuerdos construyen para que sus hijos más adelante recuerden su infancia?

¡Los leo!