En otras ocasiones hablamos sobre el impacto a largo plazo que pueden tener los comentarios varios, juicios, apreciaciones, comparaciones sobre los cuerpos de los otros. Y que muchas veces empiezan desde muy temprana edad y van mermando la autoestima. No importa el tipo de comentario y la intención, importa el peso de las palabras, y más en la desigual relación entre un adulto y un niño.

Hoy en día escucho como muchos adultos llevan, como una pesada carga, dolorosas apreciaciones sobre su imagen recibidas desde tempranos momentos de su vida. Adolescentes que solo piensan en cambiarse a si mismos para copiar o alcanzar ciertas imágenes. Jóvenes que luchan para aceptarse por encima de los parámetros establecidos, pero acarreando un historial de sufrimiento.

Qué podemos hacer nosotros como padres con toda esta carga para no pasarla y continuarla con nuestros hijos?

Ser conscientes y parar a tiempo para poder cortar, antes que salgan los pensamientos de nuestra cabeza, las palabras de nuestras bocas, cuando sale de la boca de otros, y poder re direccionar ese contenido hacia una mirada más blanda, menos condicionada.

Ese es nuestro poder: elegir interrumpir para cuidar y proteger antes de agradar y caer bien, aun cuando provenga de familiares muy cercanos.

Para cortar hay que tener valor. Para re direccionar hace falta, además, apertura y creatividad.

Te deseo que la belleza sea para vos lo que te haga sentir lindo, pero por sobre todas las cosas, lo que te permita elegir.

Elegir la belleza es una decisión que también puede ser un juego, un desafío, una creación y no necesariamente tiene que caer siempre en la copia.

Cuando mires a un niño ojalá te pierdas en la maravilla de su singularidad, en la luz de su mirada, en lo que te llega de su alma, porque esa es su belleza y descubrirla te va a hacer más rico, y le vas a reflejar un futuro de posibilidades que va a atesorar por siempre.

Como te vinculas con la imagen de tus hijos?